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Ansiedad y depresión, esos grandes (des)conocidos

¿Por qué a mí?

Seguramente alguna vez a lo largo de tu vida has utilizado o has oído utilizar expresiones como "qué ansioso/deprimido me siento". Y muy probablemente las has utilizado u oído utilizar en situaciones muy diversas. Es cierto que los términos "ansiedad" y "depresión" se utilizan a discreción, sin miramientos, para expresar emociones o sentimientos de mucha tristeza o estados de mucha agitación e intranquilidad. También es cierto que, en la mayoría de los casos, estos términos son sólo la etiqueta de un estado que en realidad, teóricamente, ni es ansiedad ni es depresión (tal como están definidas en los manuales diagnósticos). Pero es una realidad que a pie de calle se utilizan frecuentemente, porque todos sabemos qué siente una persona que dice estar ansiosa o deprimida. Además, sabemos que esa ansiedad o esa depresión puede ser más intensa o menos, vivirse de una forma o de otra, afrontarse de una forma u otra, etc. Por ejemplo, ¿por qué hay personas que cuando se les va un ser querido se deprimen y otras que no? ¿Por qué hay personas que se ponen ansiosas ante la dificultad para resolver un problema y otras no? Si no sabes la respuesta quizás este ejemplo te lo ponga un poco más fácil: Te voy a contar una pequeña historia. Imagina que ocurre exactamente la misma historia en 2 personas distintas

 

   Este es el caso:
   Manolo tiene 46 años. Es albañil y trabaja para la misma empresa desde hace 20 años. Está casado y tiene dos hijos de 18 y 16 años. Su mujer trabaja como administrativa en una importante multinacional y sus dos hijos son estudiantes. El nivel socio-económico de la familia es medio-alto gracias a los ingresos que aportan tanto Manolo (que ha conseguido ascender en su trabajo) como su mujer. La familia vive cómodamente sin grandes preocupaciones. Todos los años aprovechan los puentes y las vacaciones de verano para hacer un viaje en familia y conocer otros países.

   Un día, Manolo, volviendo del trabajo, sufrió un grave accidente de coche en una carretera que lo dejó en silla de ruedas para siempre. A causa de esto, obviamente, Manolo perdió su trabajo como albañil y, con el paso del tiempo, la situación económica de su familia cambió bastante.
 
   Ahora vamos a pensar en esas 2 personas. Digamos que tenemos a Manolo A. y a Manolo B.
   Así es como sigue la historia de Manolo A.:
   Nunca más volvió a plantearse viajar con su familia. Se sentía inútil, no encontraba nada que hacer porque  pensaba que “postrado" en esa silla para siempre no podía hacer mucho más que ver la tele y estar en casa. Pensaba también que por su culpa su familia ya no era feliz y que nunca más podría ser un buen padre ni un buen marido porque se había convertido en una carga para todos. A pesar del apoyo de su mujer, Manolo estaba convencido de que ella seguía con él porque le daba pena dejarlo en su situación y que sus hijos se acercaban más a él para que no se diera cuenta de que en realidad se sentían decepcionados por todos los privilegios que ya no podían permitirse.
 
   Y así es como sigue la historia de Manolo B.:
   Le costó mucho adaptarse a su nueva situación en la silla de ruedas, pero puso mucho empeño en asumirlo y empezar su nueva vida de la mejor forma posible. Como le gustaba mucho viajar con su familia, entre todos decidieron que, debido al cambio en la economía familiar, sería mejor opción viajar por dentro del país en lugar de salir a otros, al fin y al cabo aún había muchos rincones de España que no conocían. Cuando estaba en casa solo, leía  o salía a dar un paseo para disfrutar del sol y charlar con algunos amigos.
En su nueva situación se dio cuenta de cuánto lo querían su mujer y sus hijos, que seguían apoyándolo mostrándose siempre disponibles para él cuando los necesitaba, y esto era lo que más feliz le hacía.
   A menudo nos encontramos con que, ante una misma situación, dos personas responden de manera totalmente distinta. En el ejemplo de Manolo no hay duda de las diferencias. Manolo A. seguramente vivirá su vida sumido en un estado de ánimo que podría acabar en depresión. Por su parte, Manolo B. ha decidido hacer frente a la situación de un modo que le favorece muchísimo más. Definitivamente la clave está en la forma de pensar que tiene cada uno. A mi me gusta decir que somos lo que pensamos, y en el ejemplo se ve claramente.
   No podemos cambiar lo que nos da la vida, lo que nos pasa en el día a día, ni lo bueno ni lo malo. Pero cada uno de nosotros tiene los recursos para elegir cómo hacer frente a todas esas cosas. La manera en que pensamos sobre algo que nos pasa determina nuestra acción y nuestros sentimientos y emociones. Y precisamente sobre eso, sobre nuestros propios pensamientos, podemos tener muchísimo más control del que creemos. Si cambias un pensamiento malo por otro mejor, te aseguro que después de eso cambiarán otras pequeñas cosas. Y esas pequeñas cosas cambiadas cambiarán otras. Y así es como puedes mejorar tu estado de ánimo, no sentirte deprimido ni tener ansiedad ante una situación o, al menos, que esos sentimientos de tristeza o agitación no sean tan extremos y puedas tenerlos bajo control. Muchas veces no es fácil, pero como suele decirse "todo es ponerse", y cuando ya has aprendido a hacerlo sólo hay que ser constante para que de repente te salga un día de manera automática.
   Si estás pasando por una situación que te genera sentimientos de ansiedad y depresión y no encuentras la forma de sentirte mejor, un psicólogo puede ayudarte a detectar cuáles son los pensamientos que hacen que te sientas así y enseñarte a modificarlos de manera efectiva para que puedas volver a sentirte bien.
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Irene Navarro

Psicóloga General Sanitaria

Mente y Desarrollo

www.menteydesarrollo.com