· 

El poder de tus pensamientos

Nuestros pensamientos definen nuestras acciones (lo que hacemos) y nuestras emociones (lo que sentimos). Si aún te queda alguna duda al respecto, puedes intentar hacer la prueba o simplemente observa tus propios pensamientos a lo largo del día de hoy. Este es un ejercicio que puede resultar un poco complicado, al menos al principio. Quizás, mientras aprendes, no te dé tiempo de "pillar" el pensamiento a tiempo y sólo te darás cuenta de que estuvo ahí después de la acción o emoción que ha desencadenado (discutir, gritar, sentir ansiedad, sentir tristeza, etc.). Lo importante es que tengas presente y estés convencido/a de esto: LOS PENSAMIENTOS PUEDEN CAMBIARSE. La razón para hacerlo es simple: los pensamientos negativos (que llamamos irracionales cuando cumplen ciertas características) nos hacen sentir desbordados, hacen que llevemos las cosas al extremo y que no podamos controlarlas.

 

   Pongamos un ejemplo de una persona que es adicta a los juegos de las máquinas tragaperras de los bares. Esta persona, después de jugar 8 partidas piensa "entre lo que he jugado yo y lo que ha jugado el de antes,  seguro que el premio ya está a punto de salir". Este pensamiento tiene dos consecuencias: por un lado, le va a generar ansiedad por pensar que el premio está a punto pero no sabe en qué momento saldrá (EMOCIÓN). Por otro lado, hará que siga metiendo monedas, ya que tiene el convencimiento de que va a salir el premio (ACCIÓN).

 

   Hay varias características que nos indican que el del ejemplo es un pensamiento irracional:

  1. No refleja bien la realidad, no puede demostrarse que sea cierto. El jugador no puede tener la certeza de que lo que piensa vaya a suceder con seguridad, ya que las máquinas tragaperras son un juego de azar y no dependen del número de jugadas o del dinero invertido. Si le preguntásemos al jugador qué pruebas tiene de que ese pensamiento sea cierto no nos podrá dar una respuesta convincente basada en la realidad.
  2. Las emociones que genera son extremas y difíciles de controlar. El pensamiento le genera una ansiedad que escapa a su control. Serenarse teniendo ese pensamiento le resultaría bastante complicado.
  3. No ayuda a alcanzar un objetivo concreto o a sentirse bien con uno mismo.
  4. El pensamiento emplea un vocabulario extremista. El hecho de tener la seguridad de que el premio va a salir por la cantidad de partidas jugadas anteriormente es extremo, ya que es imposible (racionalmente) que se pueda tener esa seguridad en un juego de azar.

   Los típicos pensamientos que se dan en depresión como "no sirvo para nada", "soy una inútil", "todos son mejores que yo", "todo en mi vida está mal"... cumplen todas esas condiciones. Los pensamientos que están en la base tanto de la depresión como de la ansiedad y también de otros problemas, tienen esas mismas características. La única función que cumplen es la de mantenerte en ese estado tan desagradable, por lo que parece obvio que lo prioritario sea modificar el pensamiento para empezar a sentirte mejor.

 

   Muchas veces (no digo siempre, porque "siempre" es extremo)  caemos en el error de mantener en nosotros ciertos pensamientos que no nos sirven para nada bueno. Y algunos de ellos los tenemos tan asumidos que han echado raíces en nuestro cerebro y parece que dicen "de aquí no me muevo". Pero también es cierto que puedes decidir si se mueve o no, te lo garantizo. ¿Por qué mantenerlos si podemos aprender a modificarlos de manera que salgamos ganando? No digo que sea fácil, digo que es posible.

 

Si has aprendido algo, te ha gustado y te ha ayudado, comparte para que otros/as también lo aprovechen...

¡COMPARTE EL ARTÍCULO EN REDES SOCIALES!

 


Irene Navarro 

Psicóloga General Sanitaria

Mente y Desarrollo

www.menteydesarrollo.com